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Sabado, 10 de Mayo
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Liberate Me ex Inferis

Así presento el título de mi nuevo proyecto de modelismo, "Líbrame/Libérame de este Infierno".

Ando estos días leyendo una serie de novelas ambientadas en el Universo de Warhammer Fantasy, y entre tanto Guerrero del Caos y monje imperial, me ha entrado la necesidad de plasmar una escena que tenía hace tiempo en mente.

Revisando el catálogo de GameZone (cuyas miniaturas tienen el toque barroco que yo siempre imagino para cualquier raza del mundo warhammero), encontré una serie de figuras ideales para mi propósito. El envío que me hizo el amigo Gill desde su tienda hizo el resto.

La idea está basada en una persecución por parte de unos guerreros del caos a caballo tras un monje imperial, curtido en muchas batallas y que, cansado de huir al galope, decide invocar el poder de su dios Sigmar y enfrentarse, martillo en mano, a sus perseguidores. La historia que envuelve este nuevo proyecto está más que atada, pero como si de un serial se tratase, iré poniendo capítulos conforme os ponga avances. Espero que os guste lo que escribo.

<< Lejanos eran ya los días en que Berthold Georg Niebuhr, había abandonado la antigua abadía cercana a Wolfenburgo. Había sido requerido por uno de los condes electores para formar parte en la comitiva que iría a enfrentarse a una hueste del Caos que, según las últimas informaciones llegadas de la ciudad norteña de Praag, estaba a punto de salir de los malidtos y tan temidos Desiertos del Caos.

No era extraño encontrar al monje en este tipo de campañas, pues su valía y conocimiento del Caos rivalizaban con muchos de los grandes intelectos que se podían encontrar en la lejana Altdorf. Numerosas eran también las incursiones de hombres bestias que había erradicado junto a batallones de espaderos imperiales en las cercanías de las Montalas Centrales, atestadas de malignidad.

El monje guerrero desde muy jóven presentó unas aptitudes excepcionales para la comprensión y la erradicación de todo aquello que tenía que ver con el traicionero y maligno mundo del Caos. Aún en un recóndito paraje del Imperio como Wolfenburgo, muy cercano al frío Kislev, gran parte de los tratados relacionados con lo caótico solían llegar asíduamente a su abadía, bajo el encargo de transcribir a mano estos códices para adornar la librería polvorienta de algún noble adinerado. Berthold se aprovechaba de todo ello y sus conocimientos crecían a la par que su odio hacia todo tipo de estigma del Caos.

Armado con su martillo de guerra, forjado en bronce y de una sola pieza, y colmado de las bendiciones de su propia abadía el aguerrido monje se unió al grueso del ejército en las cercanías de la ciudad de Wolfenburgo. Allí se acercó a uno de los tenientes del ejército, el cual lo llevó directamente frente a la tienda de gran tamaño ubicada en la parte más elevada del terreno y desde la que se dominaba todo el paisaje. En su interior se encontraba la figura del Duque Köller, general en jefe del ejército del Emperador, un hombre de avanzada edad, y que aún conservaba una corpulencia que haría intimidar al más aguerrido mercenario tileano. El rostro del Duque se alegró al ver al tan reputado clérigo.

- "Berthold Cazademonios" -dijo el Duque- Su presencia es más que valorada en este ejército, pues nadie infunde más respeto al soldado que alguien con una fama tan acreditada como la suya. Bienvenido sea, hermano.

- Se os saluda, Duque Köller. Toda ayuda es poca para erradicar la funesta obra del Caos - añadió Berthold.

- Veo que aún conserváis los hábitos que el hermano Jonás os entregó con motivo de vuestra sangrienta victoria en las llanuras de Kislev. Aún puede leerse "Dies Irae", claro recordatorio del poder que rige nuestros destinos - añadió el duque.

- Duque Köller - añadió el monje sin más preámbulos - apenas tengo información relacionada con lo que se acontece en los lejanos y malsanos Desiertos del Caos. Me complacería poder conocer datos de primer orden - concluyó el monje.

La mirada del Duque se oscureció y a ojos del monje guerrero, su rostro pareció envejecer. El Duque, tras un tiempo de meditación concluyó:

- Estimado hermano... la situación es mucho más seria de lo que parece. Praag ha sido tomada por el Caos. >>

Y ahora paso a posteaos unas imágenes de dicho monje guerrero. Debo decir que el trabajo de modelado de la pieza es excepcional, característica de la marca GameZone, pero insisto de nuevo remarcando el fallo de esta casa: las piezas nunca casan bien, siempre hay que trabajarlas con masilla en las uniones. Un mero detalle, dicho sea de paso.

Como veis el pintado de esta pieza es bastante personal; concibo esta obra al estilo impresionista. Me explico: me imagino estas miniaturas al galope, como así haré, por lo que las manchas de color serán lo que predominen en la composición. No por ello voy a dejar de lado el trabajo fino del detallado, claro. Me gustaría poder recrear ese mundo tan lúgubre, tan lleno de recovecos, de oscuridad y barro, de miseria y humedad que yo tengo en mente.

Vais a ver un pintado raro diría yo, donde el metal predomina sobre la carne, sobre el color, deslavado, dicho sea de paso.

Pido que comprendáis que esta obra se completará al final del proceso, por lo que no son figuras sueltas, sino parte de un todo.

Bueno, como veis este post y tema están trabajados. Espero que os guste!!

Un saludo...

El monje-guerrero Berthold Georg Niebuhr









Y ahora con la peana genérica... para ver qué tal queda con un poco de escenografía...







+ info...  |  ¿quieres comentarlo?
pancho Domingo, 16 de Diciembre 2007 02:27
me encantan los colores, muy buenos para tropas del caos. eso sí, no te olvides del ojo ese q no tiene pupila.
Echarri Domingo, 16 de Diciembre 2007 13:15

muy elegante, el tema del ojo tampoco queda mal, así parece un ojo ciego chungo  de esos llenos de cataratas.

La historia del diorama que quieres hacer es tuya? de donde saca la espada de mithrill matadragones?

Dujan Lunes, 17 de Diciembre 2007 18:06

Muy guapo Joxean, muy elegante ta kedau!!! Los colores me gustan mucho, pero lo ke mas guapo me parece es el rostro!! ke sta lleno de expresividad!! y ta kedau de putisima madre!!!!!!!!! Por cierto un post muy pero ke muy kurrado, lo he leido muy agusto.

sigue asi kampeon 

Suber Lunes, 17 de Diciembre 2007 18:13

Mooooooola!!!! ^__-

Un cata-crack si señor!!!

Crespo Lunes, 17 de Diciembre 2007 21:39

¡¡Es una guapada!! Tiene muchísima calidad, más que muchas otras obras que he visto.

Y te propongo una frikada: que narres tú la historia con imágenes de la miniatura. Podría quedar un video de calidad

Josean Lunes, 17 de Diciembre 2007 21:54

La búsqueda de la calidad en las obras es algo que todos buscamos. Un buen trabajo es bueno independientemente del proceso; da igual que haya sido rápido o pausado, que haya sido muy estudiado o hecho a la ligera... lo que importa es que guste. Más vale el contenido que el continente...

Gracias majaras! Me alegro de que os guste!! Más adelante os pondré algún avance de pintado y otro capítulo.

Besikos!! jajajaja!!

Josean Miercoles, 19 de Diciembre 2007 22:44

Gracias de nuevo por vuestros comentarios, amigüitos!!

Bueno, continúo con mis pruebas y algo más he avanzado estos días: 2 caballeros del Caos, 2 perseguidores del monje sigmarita. De momento os pongo un nuevo capítulo (aún quedan unos pocos hasta llegar al momento representado por mí en el diorama) y unas fotos bastante malas del primer guerrero. Como vais a ver son Guerreros de Khorne, servidores del dios de la sangre. Como el rojo sangre no me va, he decidido meterle tonos más arcillosos, llenos de oxidación, pero sin pasarse. A ver si os gusta!!

Un saludote...

Pd. Amigo Pancho, lo del ojo tiene su explicación!! ^_-

Destino

<< Las luces del alba despuntaban ya y el viento helado que soplaba desde las montañas cercanas golpeaba la figura del hermano Berthold. La noche de vigilia había sido larga, pero no se veían muestras de cansancio en el severo rostro del monje.

Se comentaba en los corrillos del campamento que la extraña expresión del hermano Berthold era el ejemplo vivo de la fe que tenía el monje en Sigmar.

Y en parte era cierto lo que se comentaba, pues perdió el ojo derecho en un enfrentamiento con un grupo de mutantes cercano a su antigua abadía de Wolfenburgo.

El gélido ojo sano, compañero del propio clima presente en las llanuras de Kislev, continuó fijo en el horizonte, hasta que un joven soldado del ejército imperial se acercó al gran guerrero:

- Hermano Berthold, el Duque Köller os requiere en sus aposentos.

El monje asintió con la cabeza y tras sacudirse la fina capa de escarcha que cubría su manto, fue al encuentro del Duque.

Era ya el tercer día de viaje y las fuerzas al servicio del Emperador se encontraban ya de camino al lejano norte. Tres días en los que continuamente se iban uniendo batallones venidos desde todas las partes del Imperio.


Así pues la información dada por el Duque era exacta, el asedio de la ciudad de Praag era un hecho. Quizá la caída de este importante bastión a manos del Caos parecía una exageración, como así decían gran parte de los soldados del ejército. Pero no, Berthold sabía que esas bravuconadas eran más una manera de quitar el miedo que un verdadero convencimiento.
De hecho, una muestra de la gravedad de la situación, la encontró el propio monje cuando al entrar en terreno kislevita, no encontraron siquiera un heraldo que les hubiese venido a recibir. Todo el potencial de la cercana Kislev estaba recluído en la gran ciudad-capital.

Con estos pensamientos en la cabeza entró en la tienda del Duque. El cálido ambiente del interior contrastaba sobremanera con el del exterior.

- Adelante, hermano - inquirió la voz del Duque proveniente de detrás de una gruesa tela.

Al entrar en la estancia decorada con pieles, se encontró con toda la plana mayor del ejército al completo. Al ver esta estampa, el hermano Berthold recordó el dicho bretoniano: reunión de pastores, oveja muerta. No pudo sino sonreir para su interior.

- Que Sigmar os guíe - dijo el monje.

- Esperemos que así sea - sentenció el Duque - Siento ser descortés y no invitarle a un frugal desayuno, pero la situación es apremiante. Llevamos tres largos días estancados en esta tierras yermas y no hay visos de movimiento, pues no nos llega información desde nuestros puestos avanzados del norte - concluyó el general en jefe imperial.

- Tememos que no sólo Praag haya caído, sino que todo el territorio septentrional de Kislev esté ya bajo el dominio del Caos - añadió Rudolf Von Heissen, veterano general del batallón de caballería pesada. - A todo ello hay que unir el temor a que los refuerzos que están en camino no lleguen en el plazo de tiempo esperado.

Un incómodo silencio reinó en el lugar durante unos instantes.

- Lejos de querer dar tiempo a que los ejércitos del Caos provenientes de los páramos desérticos se reagrupen en territorio de Kislev - continuó el Duque - la estrategia que hemos organizado todos los aquí presentes se basa en enviar una avanzadilla, con el fin de analizar a qué nos enfrentamos.

- ¿A qué nos enfrentamos? - preguntó Berthold - Vuestras palabras tienen algo que me desconcierta. ¿Es posible que haya algo tan poderoso entre esa escoria del Caos que haga temblar la firme mano de los ejércitos del Emperador?

El Duque Köller desvió la inquisitoria mirada del monje. Clavó sus ojos en la reluciente armadura de oro bruñido que se encontraba expuesta en un rincón de su tienda y dijo:

- Hermano Berthold, nos vemos en la necesidad de requerir sus servicios.

- Sabéis que vuestra palabra es mi destino, Duque - sentenció el monje-guerrero.

- Agradezco lo que me decís, Berthold. Son ya muchos los años que hemos compartido campaña tras campaña y desde el primer día habéis obrado como el más fiel de los hijos del Emperador. Es por ello que en este momento, sus conocimientos y valía le han puesto a la cabeza de un plan que puede ser el acicate que esperamos - dijo el general.>>

 



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