muy elegante, el tema del ojo tampoco queda mal, así parece un ojo ciego chungo de esos llenos de cataratas.
La historia del diorama que quieres hacer es tuya? de donde saca la espada de mithrill matadragones?
Muy guapo Joxean, muy elegante ta kedau!!! Los colores me gustan mucho, pero lo ke mas guapo me parece es el rostro!! ke sta lleno de expresividad!! y ta kedau de putisima madre!!!!!!!!! Por cierto un post muy pero ke muy kurrado, lo he leido muy agusto.
sigue asi kampeon
Mooooooola!!!! ^__-
Un cata-crack si señor!!!
¡¡Es una guapada!! Tiene muchísima calidad, más que muchas otras obras que he visto.
Y te propongo una frikada: que narres tú la historia con imágenes de la miniatura. Podría quedar un video de calidad
La búsqueda de la calidad en las obras es algo que todos buscamos. Un buen trabajo es bueno independientemente del proceso; da igual que haya sido rápido o pausado, que haya sido muy estudiado o hecho a la ligera... lo que importa es que guste. Más vale el contenido que el continente...
Gracias majaras! Me alegro de que os guste!! Más adelante os pondré algún avance de pintado y otro capítulo.
Besikos!! jajajaja!!
Gracias de nuevo por vuestros comentarios, amigüitos!!
Bueno, continúo con mis pruebas y algo más he avanzado estos días: 2
caballeros del Caos, 2 perseguidores del monje sigmarita. De momento os
pongo un nuevo capítulo (aún quedan unos pocos hasta llegar al momento
representado por mí en el diorama) y unas fotos bastante malas del
primer guerrero. Como vais a ver son Guerreros de Khorne, servidores del dios de la sangre. Como el rojo sangre no me va, he decidido meterle
tonos más arcillosos, llenos de oxidación, pero sin pasarse. A ver si
os gusta!!
Un saludote...
Pd. Amigo Pancho, lo del ojo tiene su explicación!! ^_-
Destino
<< Las luces del alba despuntaban ya y el viento helado que soplaba desde las montañas cercanas golpeaba la figura del hermano Berthold. La noche de vigilia había sido larga, pero no se veían muestras de cansancio en el severo rostro del monje.
Se comentaba en los corrillos del campamento que la extraña expresión del hermano Berthold era el ejemplo vivo de la fe que tenía el monje en Sigmar.
Y en parte era cierto lo que se comentaba, pues perdió el ojo derecho en un enfrentamiento con un grupo de mutantes cercano a su antigua abadía de Wolfenburgo.
El gélido ojo sano, compañero del propio clima presente en las llanuras de Kislev, continuó fijo en el horizonte, hasta que un joven soldado del ejército imperial se acercó al gran guerrero:
- Hermano Berthold, el Duque Köller os requiere en sus aposentos.
El monje asintió con la cabeza y tras sacudirse la fina capa de escarcha que cubría su manto, fue al encuentro del Duque.
Era ya el tercer día de viaje y las fuerzas al servicio del Emperador se encontraban ya de camino al lejano norte. Tres días en los que continuamente se iban uniendo batallones venidos desde todas las partes del Imperio.
Así pues la información dada por el Duque
era exacta, el asedio de la ciudad de Praag era un hecho. Quizá la
caída de este importante bastión a manos del Caos parecía una
exageración, como así decían gran parte de los soldados del ejército.
Pero no, Berthold sabía que esas bravuconadas eran más una manera de
quitar el miedo que un verdadero convencimiento.
De hecho, una
muestra de la gravedad de la situación, la encontró el propio monje
cuando al entrar en terreno kislevita, no encontraron siquiera un
heraldo que les hubiese venido a recibir. Todo el potencial de la
cercana Kislev estaba recluído en la gran ciudad-capital.
Con estos pensamientos en la cabeza entró en la tienda del Duque. El cálido ambiente del interior contrastaba sobremanera con el del exterior.
- Adelante, hermano - inquirió la voz del Duque proveniente de detrás de una gruesa tela.
Al entrar en la estancia decorada con pieles, se encontró con toda la plana mayor del ejército al completo. Al ver esta estampa, el hermano Berthold recordó el dicho bretoniano: reunión de pastores, oveja muerta. No pudo sino sonreir para su interior.
- Que Sigmar os guíe - dijo el monje.
- Esperemos que así sea - sentenció el Duque - Siento ser descortés y no invitarle a un frugal desayuno, pero la situación es apremiante. Llevamos tres largos días estancados en esta tierras yermas y no hay visos de movimiento, pues no nos llega información desde nuestros puestos avanzados del norte - concluyó el general en jefe imperial.
- Tememos que no sólo Praag haya caído, sino que todo el territorio septentrional de Kislev esté ya bajo el dominio del Caos - añadió Rudolf Von Heissen, veterano general del batallón de caballería pesada. - A todo ello hay que unir el temor a que los refuerzos que están en camino no lleguen en el plazo de tiempo esperado.
Un incómodo silencio reinó en el lugar durante unos instantes.
- Lejos de querer dar tiempo a que los ejércitos del Caos provenientes de los páramos desérticos se reagrupen en territorio de Kislev - continuó el Duque - la estrategia que hemos organizado todos los aquí presentes se basa en enviar una avanzadilla, con el fin de analizar a qué nos enfrentamos.
- ¿A qué nos enfrentamos? - preguntó Berthold - Vuestras palabras tienen algo que me desconcierta. ¿Es posible que haya algo tan poderoso entre esa escoria del Caos que haga temblar la firme mano de los ejércitos del Emperador?
El Duque Köller desvió la inquisitoria mirada del monje. Clavó sus ojos en la reluciente armadura de oro bruñido que se encontraba expuesta en un rincón de su tienda y dijo:
- Hermano Berthold, nos vemos en la necesidad de requerir sus servicios.
- Sabéis que vuestra palabra es mi destino, Duque - sentenció el monje-guerrero.
- Agradezco lo que me decís, Berthold. Son ya muchos los años que hemos compartido campaña tras campaña y desde el primer día habéis obrado como el más fiel de los hijos del Emperador. Es por ello que en este momento, sus conocimientos y valía le han puesto a la cabeza de un plan que puede ser el acicate que esperamos - dijo el general.>>